El colectivo de viticultores biodinámicos Aliances per la Terra, nacido en 2015 con el objetivo de compartir una búsqueda consciente de tierra y uvas más saludables, celebra su décima vendimia y todos los hitos que ha conseguido alcanzar.

Els viticultors d’Aliances per la Terra hemos celebrado juntos la décima vendimia. Aunque diez años puedan parecer pocos, para nosotros, los miembros del colectivo, es impresionante.

Jaume Gramona, cuando presentó la primera propuesta a los miembros fundadores, dejó claro que tenía que ser un proyecto colectivo. Años más tarde, comparte que lo que considera que lo más importante, es haber recorrido este camino juntos; la biodinámica nunca será un proyecto que pueda llevarse a cabo en solitario, sino que requiere trabajar en equipo. Y eso es lo que hemos estado haciendo todos estos años: reunirnos para investigar, estudiar y trabajar de forma colectiva.

En 2015, nos iniciamos juntos en biodinámica y todo nos parecía nuevo. Poco a poco, hemos ido avanzando sin apenas darnos cuenta. En la viticultura biodinámica no hay etapas; nunca se llega a un punto en el que uno pueda pararse y descansar. Se aprende cada día, y cada día resulta diferente. Los principios de la filosofía que subyace a esta forma de trabajar la tierra, y las infinitas decisiones que hay que tomar, deben adaptarse a cada terruño, a cada viñedo, a cada planta. Estas decisiones deben replantearse continuamente, en función de la lluvia, el viento, la intensidad del sol… de todo aquello que interactúa con la viña, con la naturaleza.

 

Lo que nos mueve

El primer impulso fue claro: queríamos tener una tierra más llena de vida y saludable para obtener una uva de mejor calidad. Al girar la vista atrás, vemos que hemos logrado este objetivo y, de hecho, es este éxito lo que nos impulsa a ir más allá.

El esfuerzo realizado a lo largo de estos años ha sido considerable. El cultivo de la tierra nunca es fácil; ser agricultor es un trabajo duro. La viticultura biodinámica supone una carga adicional, pero la recompensa también es mayor. Nuestra tierra ha ganado en vitalidad y las vides se adaptan mejor a la sequía y a unas temperaturas que cada año son más extremas.

También hemos observado que el entorno se ha impregnado de esta vida. Tenemos más insectos, más aves y más fauna silvestre que antes y, poco a poco, estamos creando auténticas islas de biodiversidad. No podemos afirmar si esto es la causa o la consecuencia de unas uvas de mejor calidad, pero estamos plenamente convencidos de que ambas cosas van de la mano.

Como todas las familias, también nosotros nos preocupamos por el futuro de quienes vendrán después de nosotros; el futuro de nuestros hijos no tiene un trazado claro. Nos gusta pensar, y estamos convencidos de ello, que si seguimos trabajando juntos de la misma manera que nos ha conducido a esta décima cosecha, aumentamos nuestras posibilidades de poder seguir cultivando el viñedo como forma de vida en el Penedès, tanto para nosotros como para las generaciones venideras. Todos nuestros esfuerzos, se dirigen a tener un futuro mejor, en nuestra tierra, en el Penedès.

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