Un estudio reciente afirma que los consumidores valoramos muy positivamente los sellos que nos garantizan la sostenibilidad de un producto o de un proyecto. En Gramona, desde hace años publicamos las sucesivas actualizaciones de certificaciones como Biosphere, que asegura la sostenibilidad de nuestro proyecto enoturístico; Demeter, que identifica la producción biodinámica en viña y en bodega; o la Eco Hoja que es el altavoz de producción ecológica en la Unión Europea.

Existen otras vías para identificar un entorno de producción, la viña en nuestro caso, saludable y sostenible. En Gramona, convivimos con dos animales que son auténticos auditores medioambientales. Mientras continúen en nuestra compañía las abejas y los murciélagos podemos estar seguros de que nuestro entorno se encuentra en un estado óptimo.

Hicimos venir a las abejas, mejor dicho, las hicimos volver, en el año 2019. Instalamos una colmena en el bosque de viña Ágora y hoy contamos con una docena. A los murciélagos los invitamos, preparándoles cajas nido para que las ocuparan, en el bosque del Femer y en la viña del Manco. Nos hace felices pensar que se encuentran bien en nuestra compañía y nos gusta explicar que contamos con el visto bueno de estos dos pequeños auditores.

Ni las abejas ni los murciélagos son animales especialmente populares. Las unas porque sus picaduras provocan pánico y los otros porque ocupan parte del rincón más oscuro de la mitología. En su defensa, hay que decir que la FAO (Organización de las Naciones Unidas por la Alimentación y la Agricultura) considera que el 75% de los alimentos cultivados en el planeta dependen directamente de la polinización de insectos y pequeños mamíferos, como las abejas y los murciélagos entre otros. Se atribuye a Albert Einstein la afirmación de que, si desaparecen las abejas, al género humano solo nos quedará una esperanza de vida de cuatro años. Para añadir otro argumento, con el humor como vehículo, la británica Sociedad para la Defensa de los Animales Feos nos envía un mensaje importante: no solo hay que proteger de la extinción a los animales susceptibles de ser muñecos de peluche. Y tengamos muy presente que tanto las abejas como los murciélagos están en peligro de extinción a escala planetaria.

Las abejas son la garantía más importante de la biodiversidad. Se dice que su presencia puede provocar un aumento de la producción de un 30% de los cultivos, dado que garantizan la fecundación de la flor y que los frutos que se obtienen de su intervención son de mayor calidad. No solo son las mejores polinizadoras de nuestro paisaje, también son elaboradoras de miel y otros superalimentos como la jalea real, el propóleos y el polen, que son beneficiosos para los humanos. Se calcula que, para producir un kilo de miel, las abejas de una colmena tienen que visitar unos cuatro millones de flores y recorrer volando cuatro veces el perímetro de la Tierra. Un dato como este nos puede hacer cambiar el punto de vista si pensamos en el esfuerzo que hacen nuestras abejas para producir los veinte kilos de deliciosa miel que recogemos cada año, en las tres cosechas estacionales.

Los murciélagos son los únicos mamíferos voladores. Con su dieta a base de insectos contribuyen a controlar plagas, como por ejemplo, la carcoma de la viña, la mariposa de la cual vuela por la noche, igual que estos pequeños mamíferos. Además de los beneficios para la viticultura, el poder insectívoro de los murciélagos hace que sean unos grandes devoradores de mosquitos, que no solo son molestos para los humanos sino que son portadores de enfermedades.

Ambos animales son organismos muy sensibles a la contaminación y a la presencia de pesticidas, y se ven muy afectadas por los desequilibrios provocados por el cambio climático. Su papel dentro de nuestro ecosistema está amenazado por la utilización de combustibles fósiles, la agricultura convencional intensiva y la acumulación de gases de efecto invernadero. Nosotros somos egoístas. Queremos seguir haciendo nuestro trabajo, que es elaborar vino, en nuestra tierra y queremos garantizar al máximo el futuro de esta pretensión. En este sentido, queremos ayudar a mantener y aumentar las poblaciones de estas dos especies de fauna auxiliar de varias maneras. La práctica de viticultura biodinámica y ecológica, un sistema agrícola diversificado, el uso de cubiertas vegetales y mulching, las paredes y construcciones de piedra, la proximidad de los bosques… todos estos factores ayudan al desarrollo tanto de murciélagos como de abejas. Y todos están presentes en el día a día de las viñas en Gramona.

Tenemos la intención de continuar renovando la certificación de calidad medioambiental que nos ofrece la presencia de abejas y murciélagos en nuestras tierras y hacer crecer sus poblaciones tanto como nos sea posible.